De la misa, la media…

clip_image001Cuando uno trata con estadísticas, ya sea por trabajo o por afición, la rutina de los datos se puede volver tedio de tanto número intrascendente. Te das cuenta, entonces, de que eso es lo que realmente somos; números. Pero seguro que les gustaría saber en qué momento las estadísticas se vuelven interesantes. Pues es el momento en que te das cuenta de que tú, sólo tú, tomas conciencia de lo manipulable que somos. Somos, literalmente, como aquel monigote que figuraba en las carátulas de “El Padrino”.

A título de ejemplo os comentaré algunos datos que he tenido la oportunidad de observar recientemente y ya me diréis que conclusión sacáis de ellos:

1.- La EPA (encuesta de población activa) muestra una clara bajada del número de parados.

2.- Las matriculaciones de vehículos han subido.

3.- Vuelven los atascos a las carreteras y –desgraciadamente- aumenta el número de fallecidos.

4.- La venta de viviendas vuelve a repuntar por primera vez en mucho tiempo.

Si leemos esto, efectivamente, nos ponemos muy contentos –exceptuando el número de fallecidos en las carreteras-, la economía va mejor y eso nos complace a todos.

Pero, y si os digo…

1.- Que la EPA ha sido modificada precisamente para reducir el número de parados. Que entre ellos no se cuentan los parados que estén estudiando o realizando cursos. Ni se hace público el impacto que supone la emigración de nuestros titulados.

2.- ¿Sabían que casi todos los vehículos que se están matriculando son de alta gama? BMW, Mercedes, Lexus,…

3.- ¿Cómo puede haber más atascos con menos desplazamientos? Se pueden tener en cuenta varios factores: la gente no toma las autopistas para ahorrar dinero; no se revisan o se hacen mal y tarde, los vehículos; todo el tráfico se concentra en carreteras secundarias sin mantenimiento y en mal estado.

4.- ¿Y si casi la mitad de las viviendas que se están comprando se están haciendo al contado y en efectivo? ¿No tenemos todos, acaso, varios millones de las antiguas pesetas guardados precisamente para eso, para comprarnos una casita?

Entonces el panorama es diferente, ¿verdad?. Desde que te vuelves conocedor de la verdad, apenas ves las noticias. Y si lo haces, las pones muy en cuarentena. Sobretodo si los políticos te dicen qué información deben reflejar los números. Y no. No puedes negarte. Ya se ha encargado la sociedad de poner a los que se encargan de elaborar esas estadísitcas a los pies de los caballos para que no se niegue. Así difícilmente os enteraréis de noticias como estas:

Las bajadas de sueldos y demás sacrificios sólo están para los españolitos de a pie. Nuestros políticos están muy mal pagados -a pesar de los resultados obtenidos por su gestión-, así que algunos consideran que deben cobrar más aún.

Los banqueros empiezan a tener miedo, así que se procura que noticias que hagan referencia a ataques contra ellos se divulguen lo menos posible, no vaya a ser que cunda el ejemplo…sobretodo después de ver con la alegría que se indulta a banqueros y políticos en este país. Alegría que falta a la hora de conceder el indulto a una madre que lanza acido al violador de su hija después de ser puesto en libertad.

Esta es la España de hoy. La nuestra. En la que todo va para abajo hasta que llegan unas elecciones y todo va para arriba. Ni siquiera se escucha hablar de Angela Merkel. Con lo mediática que llegó a ser antes de que se empezara a hablar de elecciones europeas. ¿Dónde estará agazapada? Por suerte para todos nuestros políticos y adláteres, esto no es Grecia.

Un saludo a todos, y ya sabéis…no os creáis nada de lo que veáis…ES TODO ILUSIÓN.

Fuentes: varias.

¡Japi Niu Yéa! (in political english, of course…)

2014

Así escribiría el título de esta entrada un político. Porque él no necesitaría saber inglés. Sin embargo, si eres camarero en el AVE deberás dominar varias lenguas. No, no voy a empezar el año hablando de los privilegios de la casta política; siempre habrá tiempo para ello: Voy a empezar tratando de vislumbrar la verdad entre dos medias verdades. Hace unos días mi mujer comentaba airada una noticia salida en prensa sobre unos enfrentamientos entre manifestantes y policía en Madrid. Para ella, según el medio que leía, la culpa era claramente de los manifestantes. Le mostré entonces otro medio, que le hizo ver que la culpa recaía claramente en la policía. “Cariño –le dije- quédate con el hecho: ha habido un enfrentamiento entre policías y manifestantes en Madrid. Cualquier otra interpretación estará viciada”.

En base a esto me encuentro con dos noticias al comienzo de este año de “recuperación”; Si hacemos clic aquí nos jactaremos de que el recibo del gas se verá congelado e incluso la luz bajará…pero si hacemos clic aquí resulta que el gas no debería haberse congelado; ¡debería haber bajado!, luego ya no nos jactamos tanto. Eso sí, esta noticia tiene su explicación lógica si clickeamos aquí y observamos los vínculos históricos de la clase política y los grandes estamentos energéticos.

Todos los años tienen su calificativo: el año del efecto 2000, el año del jubileo, el año de los mundiales de fútbol, el año de las olimpiadas, el año de la Expo…este es el año de la RECUPERACIÓN.

Sin embargo la recuperación no lo es para todos igual, como para los trabajadores de Panrico…algunos se recuperan antes, e incluso nunca tuvieron que recuperarse; sólo hay que ver a sus directivos, como antes lo hicieron Fagor, Iberia y tantos otros. ¿Verdad que cambia la perspectiva de la “VERDAD” cuando se cotejan diferentes medios y uno indaga más allá de lo que le cuentan?

Pero no quiero cerrar esta primera entrada del año sin dar mi enhorabuena a la cúpula de la CEOE (esa de la que habla tan poco Alfonso Merlos, al contrario de los sindicatos, de los que -sin excusar su presunta culpabilidad- tienen en él a un auténtico azote), la cual podrá retirarse sin los problemas que otros tienen y tendremos. Tampoco quiero dejar de felicitar a cierto amigo, que ha sido de esos más de 100.000 españoles que han encontrado trabajo recientemente: Es ingeniero de telecomunicaciones y su empresa cerró hace tres meses. Ahora sirve hamburguesas en una cadena de comida rápida por el salario mínimo interprofesional, ese que han congelado unos y quieren eliminar otros, pero… ¡qué coño! ¡Enhorabuena! ¡Eres un privilegiado! …¡y no te quejes!, que si es necesario se va uno a Laponia.

Fuentes: varias.

Agencia Tributaria. Oscuro objeto de deseo

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   Ya hace algunos días que la prensa ha recibido instrucciones de olvidar el affair de la Agencia Tributaria. Muchas veces me pregunto qué hubiera sido del Watergate si a los pocos días o semanas los medios norteamericanos hubieran dejado hablar de él. Probablemente hoy no sabríamos qué fue el Watergate, y Nixon se nos mostraría como un afamado y prestigioso presidente.

   Pero la Agencia Tributaria que yo conozco es la de un Ayuntamiento cercano; el mío. Es una Agencia Tributaria donde se mezclan trabajadores de diversa índole: entre ellos nos encontramos con descendientes de antiguos recaudadores de impuestos privados… sí, “privados”; eso que ahora parece tan perfecto…lo “privado”; que según palabras de Sánchez Dragó es tan eficaz y más barato que lo público; lástima que no haya sido barato en el caso de la electricidad, el agua, la gasolina o el gas. Descendientes estos que por meritos familiares ocupan ahora plazas en un organismo autónomo como la Agencia Tributaria.

   Curiosamente, la Agencia Tributaria, tiene su propio sistema de selección, así como su propio sistema de asistencia técnica, de limpieza, etc. Aunque en sus notificaciones incluye el logotipo del Ayuntamiento, la verdad es que las retribuciones de sus trabajadores son más altas que las del resto de funcionarios del Ayuntamiento. Y si nos acercamos a preguntar cómo se puede acceder…entonces la oscuridad es absoluta. Se supone que tienen su sistema de selección, pero… ¿alguno de ustedes ha oído hablar alguna vez de oposiciones a la Agencia Tributaria? La verdad es que la publicidad en su “sistema de selección” brilla por su ausencia.

   Recuerdo aquellos días en que la “perita en dulce” de los Ayuntamientos era la Gerencia de Urbanismo. Su control llevaba implícito una serie de prerrogativas que afloran de forma descarada ahora en nuestros días. Sin embargo, algunos se han dado cuenta ya de que esa “perita en dulce” la constituye ya la recaudación de impuestos. Aquél que controla la recaudación, controla el Sistema. A cambio, su estructura recibirá un trato especial; retribuciones especiales, vías de acceso especiales, ubicaciones especiales… Y el resto de la estructura administrativa, el funcionariado de clase B, o sencillamento el “funcionariado”…ése…ése es prescindible.

   Es curioso cómo dentro de la Administración, con el beneplácito del respetable, se han ido construyendo clases sociales dentro del propio funcionariado; funcionarios clase A y clase B…e incluso clase C y más abajo.

¡¡Hasta luego, Robespierre!!

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“La revolución es la guerra de la libertad contra sus enemigos: la Constitución es el régimen de la libertad victoriosa y apacible”

Robespierre, 25 de diciembre de 1793, discurso en la Convención

Parece que el modelo político y económico español se resquebraja. La alianza entre las fuerzas renovadoras del franquismo y los partidos y formaciones de la oposición, que dio paso a la Constitución de 1978, está llegando a su fin. Algunos de los problemas resueltos con prisa de huracán o peor aún, silenciados, reaparecen: auge del nacionalismo periférico y reacción del centralismo (castizo) español; supeditación de la organización política y social a la economía de mercado y sus intereses financieros; pérdida real del valor de la soberanía popular en beneficio de grupos de presión, revisionismo histórico, supresión de derechos adquiridos y merma sustancial de la protección que conlleva el estado del bienestar, entre otros. En este contexto, miles de ciudadanos están reclamando, en foros y asambleas, un nuevo pacto constitucional, es decir, el inicio de un proceso constituyente que finalice con la elección de Cortes Constituyentes y la redacción de una nueva Carta Magna que recoja las aspiraciones y anhelos de una ciudadanía moderna, hija de las identidades múltiples del siglo XXI: una república democrática. Ejecutado en la guillotina el 28 de julio (10 Termidor) de 1794, cerca de Errancis, junto con Saint-Just y veinte revolucionarios más, resulta sorprendente comprobar cómo hoy, más de dos siglos después, la cabeza política de Robespierre -el hombre, junto con el Comité de Salud Pública, que consolidó la Revolución francesa de 1789, salvando los progresos y logros de la República y su esencia democrática- sigue vagando, malherida, vilipendiada, cubierta de cal, por las cloacas de la Historia (neoliberal) cuando debería ser un referente, europeo y solidario, en tiempos de pánico institucional y zozobra ética.

La crisis financiera que arrancó el verano de 2007 está produciendo un bloqueo democrático tanto en los órganos de gobierno, centros locales de toma de decisiones, como en la vida de la comunidad. La libertad y la igualdad, pilares del sistema, están siendo amenazadas por la prevalencia de un supuesto estado de necesidad universal, estado de excepción permanente, por usar la fórmula de G. Agamben, al cual se supeditan todas las aspiraciones de transformación y progreso: “ahora no es el momento”, repiten, mantra de hielo, las instancias superiores. Hasta Juan Carlos I, Rey de España, bisagra entre la católica dictadura militar y la democracia (no es necesario recordar que juró cuantas legislaciones le pusieron delante), entra en escena pidiendo, exigiendo, unidad de acción (unidad de destino) y una devota adhesión inquebrantable al Gobierno, en este caso del PP -hubiera sido igual con el PSOE- frente a la trascendencia del desplome financiero global. Al mismo tiempo, una parte significativa de la población, los más desfavorecidos (parados, trabajadores con salarios bajos, precarizados, pensionistas, mujeres, jóvenes sin futuro), expresa su malestar siendo reprimida por el ejecutivo nacional y por los pintorescos gobiernos autónomos. Manifestaciones, ocupaciones del espacio público y demás actos cívicos de protesta -excesos y provocaciones al margen, que han existido siempre en la confrontación política- son percibidos como un ataque frontal a las instituciones democráticas que se defienden -mandan las superestructuras económicas- con la policía. Parece que la política de los políticos (y sus zafiedades), haya suplantado a la política de los ciudadanos (y sus deseos). “Cuando el gobierno viola derechos, la insurrección es para el pueblo, y para cada sector del pueblo, el más sagrado e indispensable de los deberes”, se recoge en el proyecto de Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1793, superador del canónico texto de 1789 (que ya reconocía, por cierto, “el derecho a resistir a la opresión”).

Sometido a instancias supranacionales -una falaz cesión de soberanía que no ha sido refrendada por la mayoría de los estados miembros de la Unión Europea- el gobierno electo acata dictados contrarios al bienestar y desarrollo integral de la mayoría social, es decir, gobierna contra su pueblo, escuchando más a las instituciones financieras mundiales (FMI, BM) que a su propio cuerpo electoral. Cuando el sistema de garantías creado por la Constitución de 1978 es incapaz de impedir o, cuando menos, frenar el deterioro del consenso y la armonía social, urge un cambio de modelo, acorde con las legítimas demandas de una ciudadanía plural, la multitudo spinozista, que “siente e interpreta” las reivindicaciones de una forma distinta a la conocida hasta la fecha (heredera del siglo XIX), y que expresa su disconformidad -desde el fenómeno del 15M hasta los movimientos que propugnan una entrada pacífica en el Congreso de los Diputados- con procedimientos novedosos. La senda constitucional abierta en 1978, que ha permitido recorrer, no sin cierto éxito, una parte del camino de la dictadura -pese a las infinitas secuelas psicológicas y sociales- a la democracia de mercado, parece que llega a una vía muerta. Los partidos mayoritarios -maquinarias de perpetuación de castas o “clase extractiva”, según terminología (liberal) de moda- se están mostrando incapaces para resolver la crisis e impedir el deterioro de la calidad democrática, y viven este “desbordamiento” democrático, “que no, que no nos representan”, bien con el temor a una pérdida de apoyo electoral (PP), bien como drama psicológico de espera beckettiana (PSOE), cuando sólo debería ser entendido, si interpretaran la realidad con lupa demoscópica, como una llamada de atención emocional, una petición de principio o natural evolución, acorde con la sorprendente naturaleza individual de la vida tecnológica y consumista (la metástasis del sistema-mundo capitalista creado a raíz de los acuerdos de Bretton Woods, 1944), donde la política, la sociedad y las relaciones laborales están mutando, sin saber bien hacia dónde, ni con qué fin, a velocidad de vértigo. Robespierre, el 10 de mayo de 1793, ante la Convención, teoriza la radicalidad democrática, eso que ahora se denomina “desbordamiento”, fijando los principios de acción y el tempo revolucionario: “Un pueblo cuyos mandatarios no deben dar cuenta de su gestión a nadie no tiene Constitución. Un pueblo cuyos mandatarios sólo rinden cuentas a otros mandatarios inviolables, no tiene Constitución, ya que depende de éstos traicionarlo impunemente y dejar que lo traicionen los otros. Si éste es el sentido que se le confiere al gobierno representativo, confieso que adopto todos los anatemas pronunciados contra él por Jean-Jacques Rousseau.” La argumentación de Robespierre, tomada de sus Discursos, editados con el título Por la felicidad y por la libertad (2005), elegante hasta en su formalidad literaria, parece escrita para momentos de déficit de soberanía y vacío de poder. Su reflexión es una mirada limpia al poder constituyente: hacia una estructura firme pero flexible, reticular, que impida, por inoperancia o miedo, la parálisis del sistema nervioso central del Estado. ¿Qué es legítimo hacer cuando los gobernantes dan la espalda a una parte, numerosa, del cuerpo electoral, y reaccionan solo ante las exigencias de las oligarquías financieras? Como sostiene Georges Labica, por debajo del pensamiento de Robespierre discurre una “política de la filosofía”.

La democracia o es virtuosa, justa y excelsa hasta el extremo, diría el abogado de Arrás, o no es democracia. Es más, o favorece el interés de la mayoría, o no merece tal nombre. Robespierre vivía obsesionado con la suerte de los desfavorecidos y el respeto a las decisiones de las mayorías. Pese a la brutalidad e ignorancia de la Historia liberal -parecido al caso de V.I. Lenin- Robespierre procuró contener los excesos jurídicos y políticos de dirigentes como Barère o Danton comportándose, en muchos instantes del proceso revolucionario, con paciencia y moderación: un “centrista” dentro del partido de la Montaña. Georges Lefebvre, uno de los primeros historiadores que desveló el velo de terror sangriento que envolvía su figura afirmó que “fue un hombre magnífico, defendió la democracia y el sufragio universal de 1789 (…) y en circunstancias normales nunca hubiera apoyado la pena de muerte ni la censura de prensa”.

El Proyecto de Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, antes citado, fue presentado ante la Convención el 24 de abril de 1793. Su articulado serviría de base a la Constitución de 1793, texto que, recuerda Albert Soboul en La revolución francesa (1966), “sería para los republicanos de la primera mitad del siglo XIX el símbolo de la democracia política”. Cuando los incesantes recortes del neoliberalismo -Alemania está ganando la guerra mundial que perdió en Stalingrado- afectan de manera indiscriminada a las prestaciones sociales se puede leer el artículo 21, repito la fecha, abril de 1793: “El socorro público es una deuda sagrada. La sociedad debe asistencia a los ciudadanos desgraciados, bien procurándoles trabajo, bien asegurando los medios de existencia para aquellos que no están en situación de trabajar.”  

Frente a la pérdida de aliento del sistema de 1978, el nuevo proceso constituyente, un renovado contrato social, con un fuerte carácter anti-individualista, debería exigir, de entrada, la recuperación de la soberanía perdida (su ser es ser en acción) y la permanente exigencia a los gobernantes de sus responsabilidades públicas. Ante el descrédito del Estado y de las instituciones, y la desconfianza que generan los políticos, minados por abusos y corrupciones, Robespierre sostenía (1793) que “el principio de responsabilidad moral -imperativo mayor de la democracia, podríamos añadir- exige además que los agentes del gobierno rindan, en épocas determinadas y con bastante continuidad, cuentas exactas y circunstancias de su gestión. Que las cuentas sean hechas públicas por la vía de la impresión y sometidas a la censura de todos los ciudadanos. Que sean enviadas, en consecuencia, a todos los departamentos, a todas las administraciones y a todas las comunas.” Cambio 16, una de las publicaciones más influyentes en la Transición, recogía unas declaraciones de Felipe González, Secretario General del PSOE, a la salida del colegio electoral, 6 de diciembre de 1978, la jornada que refrendó la Constitución. Preguntado por la vigencia del texto que se sometía a votación respondió: “Espero que decenios y decenios, y si es posible, de un siglo a dos”. Nada como el desparpajo y el tronío.

En una reciente biografía, Robespierre. Una vida revolucionaria (2012), Peter McPhee narra, a modo de conclusión, las vicisitudes del reconocimiento del revolucionario. El 30 de septiembre de 2009, el pleno municipal de la ciudad de París rechazó la moción de un concejal (socialista) que solicitaba poner el nombre de Robespierre a una calle o a una plaza en la “Ciudad de la Luz”. El concejal, perplejo, argumentó que el dirigente jacobino era “primera y principalmente un revolucionario formado por los ideales de la filosofía de la Ilustración” y no “una caricatura de un verdugo sediento de sangre”. Y un formidable antecedente, se podría añadir, para un dinámico, necesario y urgente proceso constituyente que impulse otra forma democrática de vida en común.

Fuente: eldiario.es

¿Orgulloso de ser español?

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En Egipto, el paro está en torno al 13% mientras el nuestro ronda el 27. Del mismo modo, otro país que muchos consideran “tercermundista” (palabra muy usada últimamente cuando no nos satisfacen nuestros derechos), Rumanía, tiene poco más del 7%. Analistas coinciden en el hecho de que esto es así porque en estos países hay un altísimo índice de emigración y no existe paro porque la gente se marcha a otros países buscando mejores condiciones laborales.

A ninguno se nos va a escapar la similitud de esta situación con la que España vive hoy día. Pero además hay algo que no sólo no es asimilable sino que es absolutamente contrario a lo que está sucediendo en España, y es el hecho de que Egipto se está levantando porque su presidente, elegido hace 1 año conforme a unas promesas, no sólo no las ha cumplido, sino que está haciendo todo lo contrario. Y si bien la situación es muy similar a la que tenemos, la reacción de este pueblo no.

De todo esto podemos concluir en lo mismo que hizo Juan Torres López en su artículo de nuevatribuna.es, en el que reconoce que “da vergüenza ser español”. En él hace un repaso a la indolencia que padecemos ante todos los casos de corrupción indiscriminados (afectan a todos las altas esferas de nuestra sociedad; políticos de toda ideología, empresarios, aristocracia…) que salpican la actualidad reciente. El último nos pilla muy cerca: Javier Arenas y su condición de Marajá de Capultala. Que este señor se haya estado presentando como candidato sine die a la presidencia de la Junta de Andalucía es aberrante. No me atrevo ni a pensar qué hubiera pasado si lo hubiera conseguido. Lo cual no excusa a los que hubieran sido sus predecesores, de los cuales hemos tenido noticia reciente de la veintena de cargos de la Junta imputados por el asunto de los EREs…

Pues sí, aquí sólo estamos orgullosos de ser españoles en el fútbol y similares…después somos incapaces de defender nuestros derechos y nos limitamos a tirarnos piedras unos a otros, a ver quién puede estar peor…por eso, mucho me temo, que España correrá en breve el mismo camino de pobreza y desesperación que hoy corren países como Egipto o Rumanía; pero me decanto más por el segundo, que no ha sido capaz de enfrentarse a sus enemigos internos como lo está haciendo el primero.

Fuentes: Varias

Funcionariofobia

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En la tarde del martes 11 de junio, en el programa “Al Día” que presenta el Sr. Alfonso Merlos se hizo referencia a la nómina de un ordenanza del Ayuntamiento de Jerez, que según él, cobró más de 3000 euros. Los televidentes no tuvimos oportunidad de ver la nómina porque nunca fue mostrada en pantalla. Desconozco si este ordenanza lo cobraba de forma continuada, pero el que suscribe ha cobrado en alguna ocasión más de 3000 euros en un mes, normalmente gracias al “privilegio” de la paga extra; privilegio éste que políticos con el amparo de individuos como el Sr. Alfonso Merlos se están encargando de que desaparezcan. Por suerte para este señor, ese privilegio lo es sólo de funcionarios, no de políticos y “periodistas” como él, que lo consideran un derecho y por ello siguen cobrando las mismas.

Pero la verdad es que mi sueldo ha pasado de 1364.87 euros en marzo de 2003 a 1414.87 en enero de 2013…50 euros más, ¡guau! (y pongo a disposición del que quiera mis nóminas para acreditarlo). No tengo reparos en decirlo, porque desde hace más de 10 años se ha movido muy poco, como puede observarse. Es más, si se ha movido ha sido para abajo (vía reducciones de sueldo, pagas extras, eliminación de dias, o aumento de horarios) con el aplauso, risa y beneplácito de funcionariofobicos como el señor Alfonso Merlos y otros, que sienten hacia el empleado público una animadversión que me trae recuerdos de los años 30 en los que se culpaba a sectores completos de la sociedad, responsables, según el Régimen del momento, de una crisis que no habían provocado; pero que, amparados en el odio, envidia y resentimiento hacia ellos, sembrados en la sociedad a través de los medios, hizo muy fácil su destrucción.

A pesar del currículo, -titulado superior, máster, conocimientos en 3 idiomas, varios años de experiencia en la empresa privada y otros tantos en la pública, poniendo de nuevo a disposición del que lo desee mi curriculum para acreditar tales extremos- JAMAS he recibido una propuesta de ascenso en la Aministración. Administración a la que llegué después de pulular entre la empresa privada -a diferencia de políticos que en muchas otras ocasiones este señor ha defendido a capa y espada, pidiendo que no se generalizara (lo que nunca se ha pedido con los funcionarios) y que no han conocido más actividad que la Política-. En este sentido guardo celosamente encuadernadas aquellas pocas respuestas que algunas empresas privadas se dignaron a enviarme con un discreto “no se ajusta a nuestro perfil, pero le tendremos en cuenta en futuras selecciones”. Efectivamente no gozaba de lo que ahora se llama, una buena “red de contactos” (eufemismo de “enchufes”), así que de no ser amigo o familiar del dueño o directivo de la empresa, lo que me quedaba era lo que hice: teleoperador o vendedor de cuchillos en la calle. Y si no tienes “contactos” olvidate de ascender. Esta es la empresa privada española que el señor Alfonso Merlos y sus correligionarios defiende.

A pesar de todo me busqué “contactos” y haciendo caso omiso de los principios de igualdad, mérito, capacidad y publicidad a los que me tuve que ajustar años después para sacar una oposición por la que hoy día soy públicamente maltratado una y otra vez, accedí a un puesto de vendedor en unos grandes almacenes. Prácticamente sin necesidad de entrevista. Me hubiese encantado entrar así en la Administración. Esto es algo en lo que sí hemos avanzado: muchos de los políticos y adlateres que este señor defiende, como el concejal Carromero, han accedido a sus “puestos” en la Administración sin necesidad de entrevista ni ningún otro tipo de filtro que no sea el del propio partido.

Durante años tuve que trabajar y estudiar para acceder a un simple puesto de auxiliar administrativo, pero que a pesar de eso, ofrecía algo que no ofrecía la empresa privada: estabilidad y un sueldo digno (o al menos, más digno): Esto es el derecho a progresar que no se nos puede negar a las personas, Sr. Merlos y otros; a buscar un trabajo con mejores condiciones, una estabilidad que te permita tener hogar y familia, como usted Sr. Merlos -y otros-, que ya lleva años en su puesto, demostrando así una estabilidad que ahora quiere negar a los empleados públicos. Y no diga que hay que ganarse el puesto día a día, porque usted no creo que con determinadas actitudes lo esté demostrando. Sin embargo, como auxiliares administrativos, tengo a compañeros que son economistas, arquitectos, geólogos…con bastante más formación que sus superiores políticos, y que trabajan mañana, TARDE e incluso sábados y domingos, haciendo de secretarios, de ordenanzas, de informáticos, de electricistas…para que después, señores como usted, critiquen a la función pública como lo hacen, sin distinción ni justicia, amparados quizás en un interés económico o político,  o en un desconocimiento que está haciendo sufrir a mucha gente.

Sencillamente me parece deplorable que en este país haya medios que ataquen al sector público como lo hacen, mientras tenemos una empresa privada en la que se trabaja más horas que en Alemania para ser tan productivos como Mozambique; que no seleccionan a su personal por su valía sino por su interés, relegando a segundo plano el buen funcionamiento de la empresa; que son incapaces de remunerar bien a un buen trabajador sólo por ahorrar en costes; que entienden competitividad como empobrecimiento de su personal; que consiguen el trabajo no ofertando mejor, sino pagando mejor al político de turno… Si esta es la empresa privada que queremos trasladar al sector público, vamos listos.

Y no, no me sirve la excusa de que otros están peor; esa es la excusa que están usando para hundirnos a todos en la misera con resignada condescendencia. Ustedes y aquellos a los que defienden han sabido explotar perfectamente el deporte nacional: la envidia, igualándonos a todos por abajo en lugar de por arriba. No, ustedes no quieren que los que están peor mejoren. Todo lo contrario. Con la excusa de ser “privilegiados” ayudan a acabar con aquellos que tenían el último resquicio de dignidad laboral en este país: la estabilidad; eso que tenían nuestros abuelos, nuestros padres, lo que todos buscamos…lo que incluso ustedes pretenden.

Consuelo de Tontos…

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“Tenemos que dar gracias por lo que tenemos”, “otros están peor”, “por lo menos tenemos trabajo”, … y mientras tanto, yo reparto sobresueldos de 4, 5 ó 6.000 euros, me jubilo cuando quiero y con una pensión de 88 millones de euros, me pongo dietas por venir a Madrid (cuando vengo) aunque tenga vivienda en ella, regalo IPads a diestro y siniestro, y así hasta el infinito.

Curiosamente quien te dice estas frases siempre está mejor que tú y lo que pretende de ti es un conformismo resignado. De hecho, si las llevamos hasta sus últimas consecuencias, podríamos decir que los chinos que trabajan 20 horas diarias, mientras comen un plato de sopa al dia y duermen hacinados en una habitación, también deberían dar gracias: Al menos tienen trabajo.

Quienes nos repiten una y otra vez estas frases son los señores del Banco de España, que quieren eliminar el salario mínimo en España mientras Inglaterra y Australia lo suben a más de 460 euros SEMANALES. Son los empresarios que nos dicen que hay que irse a trabajar a Laponia o los políticos que consideran que trabajar en Europa es como hacerlo en casa…todo ello sin que ninguno de ellos SI se vaya a Laponia: Quizás porque allí no sería tan fácil de engañar a un pueblo acomodaticio como el nuestro.

ELLOS se han dado cuenta de lo fácil que es engañarnos, y algo de razón llevan: estamos perdiendo la sanidad y educación públicas, cada vez los servicios públicos son peores, y nuestro poder adquisitivo para acceder a estos servicios privatizados cada vez es menor, ya sea vía bajada de salarios, subidas de impuestos, despidos, o todos a la vez. Y mientras, en las manifestaciones, no hay señales ni de los 6 millones de parados, ni de toda esa gente que presuntamente lo está pasando mal,… todos ellos PRESUNTOS.

Buen argumento para los que nos siguen esquilmando desde dentro y fuera de España para seguir diciendo que aquí no estamos tan mal y que aún cabe otra vuelta de tuerca.

A todos vosotros trabajadores (en activo o no, y especialmente jóvenes), por favor, no deis más las gracias por tener trabajo: Es vuestro derecho. Y de ellos es el deber de que sea digno.

Engañados

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Desde el documento en el que se alecciona a los directivos de cómo debían actuar públicamente ante el accidente de metro de Valencia que supuso casi medio centenar de fallecidos y otros tantos heridos y que fue ocultado por los medios (la consultora privada y externa cobró más de 600.000 euros PUBLICOS por estas indicaciones), hasta este otro memorando de “rendición” de España ante Europa (léase Alemania) de 10 de diciembre de 2012 (imprescindible leer los dos primeros párrafos), podríamos decir que todo lo que vemos en televisión, escuchamos en radio o leemos en prensa está falseado o, cuando menos, filtrado y adaptado.

Igual que se lleva a cabo esto, se nos venden procesos judiciales que aparentan ser equitativos y justos. A la vista de los titulares, todos creemos que el corrupto o criminal de turno va a ser practicamente quemado en la hoguera. Pero nada más lejos de la realidad.

La memoria del populacho es efímera y pasado el tiempo ya nadie recuerda casos como los sobres de la sanidad madrileña, los directivos cobrando 30 veces sus dietas, los pisos en Marbella de Ignacio González, o aberraciones en tiempo de crisis tales como el hecho de que el Rey y el Príncipe se vuelvan a reponer sus retribuciones mientras se despiden a médicos y profesores, …

Mientras vamos olvidando a golpe de titular se nos antojan imposibles realidades como la de que URDANGARIN DIFÍCILMENTE PISARA LA CARCEL; para lo cual el gobierno ha dado sus pasos con el objetivo de CONTROLAR EL PODER JUDICIAL, así se podría seguir INDULTANDO indiscriminadamente. Con un plan tan bien preparado nada impedirá que aún siendo condenados en el peor de los casos, políticos corruptos PUEDAN SEGUIR MANEJANDO LAS ENTIDADES FINANCIERAS, y… ¿quién sabe? Quizás BLESA VUELVA A PODER DIRIGIR UN BANCO.

Fuentes: varias.

¿Por qué no se consume en España?

Huelga de Consumo

En un país de 6 millones de parados, 10 millones de pensionistas y empresas privadas incapaces de ofrecer a sus trabajadores ni sueldos dignos ni estabilidad en sus empleos, Juan era un privilegiado. No tenía millones en Suiza, ni casa en la playa, ni conducía un porsche cayenne… pero tenía empleo estable y en el país del paro, él era un privilegiado.

Hasta ahora no dudaba en tomar una cerveza, ir de viaje e incluso comprar una casa o un coche. No tenía un gran sueldo, apenas pasaba de los 1000 euros, pero sabía –creía- que su empleo era estable…hasta hoy.

Unos políticos que apenas van a sus escaños en el Congreso porque están en las cadenas de televisión llamando “privilegiados” a trabajadores como Juan, han decidido que hay que acabar con eso del “empleo estable”, llaman a todos los trabajadores como Juan “flojos” y “vividores”…aunque nadie ve cómo Juan, siendo administrativo hace de secretario, informático, ordenanza e incluso técnico, porque Juan es administrativo pero su formación es mayor que la de muchos de esos políticos que ahora lo llaman “privilegiado”.

Así que Juan hoy ha decidido dejar de ir a la piscina a la que iba, no se irá de vacaciones, no bajará a tomar una cerveza sino que la comprará en el supermercado, y ni hablar de compras a largo plazo como un coche o una casa…porque hoy han decidido que es un “privilegiado” por tener un empleo estable; algo que tenía su padre, su abuelo, y algo a lo que aspira todo trabajador de este mundo.

Pero lo que más le irrita a Juan es que los que han decidido acabar con sus ganas de vivir son unos señores que le llaman privilegiado y solo van a trabajar 3 dias a la semana, aunque SU INTENCION ERA TRABAJAR SÓLO DOS DIAS… si bien eso es algo que no muchos medios contarán…

Hoy Juan tiene miedo de consumir, y las tiendas de la calle en la que vive, tienen miedo de que Juan tenga miedo.

Fuente: cuartopoder.es

TOPICOS ADMINISTRATIVOS: Cuando el árbol no te deja ver el bosque…

FUMN

¿HAY MUCHOS FUNCIONARIOS EN ESPAÑA? Las estadísticas, cualquiera que sea la fuente utilizada -OCDE, OIT, Eurostat-, no avalan la impresión generalizada de que España es un país rebosante de funcionarios. Ni mucho menos. En el 2012 había 2,917 millones de empleados -aproximadamente dos millones de funcionarios y un millón de contratados laborales y eventuales- en el sector público, cifra equivalente al 12,7 % de la población activa. El promedio en el conjunto de los 34 países que integran la OCDE se eleva al 15 % de los activos.

Eurostat corrobora que la plantilla de las administraciones públicas españolas no está sobredimensionada. Según esa fuente, que no incluye al personal educativo, sanitario y de servicios sociales -lo incluye en otros epígrafes-, cifra en 1.298.300 los asalariados al servicio del sector público, lo que supone un 2,8 % de la población española y un 9,2 % del conjunto de trabajadores españoles por cuenta ajena. Los datos concluyen que, en términos relativos, proliferan más los empleados públicos en Alemania -uno por cada 29 habitantes- o en Francia -uno por cada 27 habitantes- que en España, donde, sin contabilizar a profesores y médicos, la proporción es de uno por cada 36 habitantes.

Si en el cómputo incluimos a todo el personal dedicado al servicio público, España se convierte, después de Austria, Portugal e Italia, en el país con la Administración más austera de toda la Unión Europea: un empleado por cada 16 habitantes. En el extremo opuesto, reflejo del mayor desarrollo del Estado del bienestar, figuran tres países nórdicos: Dinamarca, Suecia y Finlandia.

¿TRABAJAN POCO LOS FUNCIONARIOS? Desde el decimonónico «vuelva usted mañana» de Larra hasta la imagen tópica del burócrata enfrascado en la quiniela y el cafelito, los empleados públicos han tenido que soportar diversos sambenitos. Tópicos a menudo injustificados que, probablemente, tienen su origen en un cierto desdén o desprecio de la función pública y en el predominio de teorías que ponen el acento en los fallos del sector público y corren un tupido velo sobre los clamorosos fallos del mercado.

Pero existe un problema añadido a la hora de evaluar la productividad del trabajador al servicio de las administraciones públicas: la vara de medir. Los baremos aplicables a una empresa mercantil no sirven para medir la eficiencia de la Administración. Y a falta de una unidad de medida incontrovertible, el tópico se impone.

 CONCLUSIÓN: Efectivamente existe un amplio espacio para la mejora de la eficiencia y el ahorro de recursos. Desde la supresión de instituciones redundantes hasta la eliminación de duplicidades o triplicidades: Pero la voluntad para atajar esta cuestión, que afectaría a numeroso personal político y afín al Régimen, no está tan clara. Lo cual hace pensar que exista una segunda intención en el hecho de fomentar a través de los medios la sensación de que en España la Administración está sobredimensionada.

Fuente parcial: La voz de Galicia (edición digital)