HARTO DE LUCHAR POR QUIENES NO SE LO MERECEN…

AR-312149936

Este es el final. Volvía recientemente de una manifestación de lo que, desde este lado, se denominan “recortes”. Y que desde el otro lado son “ajustes”. He gritado junto a enfermos hartos de esperar en las “listas de espera” que veían despedir a los enfermeros y médicos interinos que los atendían mientras los políticos les decían, sin mirarles a la cara y con media sonrisa, que eso no era así.

He gritado junto a personas mayores que iban en sillas de ruedas, empujados en algunos casos por sus parejas, cuyas pensiones habían subido 10 o 15 céntimos, mientras les cortaban el agua y la luz porque sus recibos habían subido 30 ó 40 euros. Y mientras, los políticos de toda índole terminaban sus funciones “públicas” para ganar sueldos de centenares de miles de euros en empresas energéticas.

He gritado junto a personas maduras de 50 años que han perdido trabajos a los que han dedicado lo mejor de sus vidas, ilusionados, esperanzados…mientras los políticos y sus amigos, los “grandes empresarios”, hacían la empresa “sostenible”…sobretodo para ellos.

He gritado junto a trabajadores a los que han hecho “competitivos”; trabajan el doble por la mitad de sueldo…”pobres” los llamamos a este lado.

He gritado junto a muchos. Con nosotros también venían gentes de sindicatos, partidos políticos, asociaciones,…nadie les había llamado, pero ellos venían. Muchos de los que me rodeaban no entendían de política…pero sabían sumar, y sabían que por mucho que los políticos, grandes empresarios y periodistas les dijeran que todo iba a mejor, para ellos todo iba a peor: Los enfermos estaban peor atendidos, los pensionistas ganaban cada vez menos, y todos teníamos que hacer frente a más gastos con menos ingresos.

Teníamos muy claro quién era el enemigo, pero… ¿quién era el amigo?

Mientras gritaba tenía en mente el futuro: Mi hija, mi sobrina, mis vecinos en paro, mis padres pensionistas, mis suegros autónomos,…pero allí, en la manifestación faltaba alguien. No sabía quién, pero faltaba fuerza, faltaba energía…

Cuando me iba acercando a mi casa de regreso, me di cuenta de lo que faltaba. Me di cuenta de dónde estaba esa energía. Empecé a observar que las calles estaban llenas de personas, me constaba que muchos de los que veía pasar estaban en el paro o pasaban algún que otro tipo de penuria, casi todas aquellas personas eran jóvenes, se movían en un mismo sentido, todos vestían igual, muchos iban con vasos, botellas, reían, bebían, cantaban…iban al fútbol. Allí se concentraba toda aquella energía. Toda aquella fuerza que a nosotros nos faltaba.

Y entonces me pregunté, ¿vale la pena? Sencillamente llegué a la conclusión de que no.

Anuncios